“Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el mes sexto de la que era estéril” (Lc 1,36). Es la señal dada por el ángel para que María preste su consentimiento. María se está debatiendo interiormente, sabe que Dios es fiel con su pueblo, que para Él nada hay imposible, y Ella quiere ser fiel a Dios. Son momentos de lucha y de conflicto interior. El ángel le da una señal del poder de Dios y María, sin comprenderla del todo, fiándose de Dios, respondió al ángel: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
