martes, 12 de mayo de 2026

12 DE MAYO: NACIMIENTO DE JESUS



El día 25 de diciembre de cada año celebramos el nacimiento del Señor. Es la Pascua de Navidad, fiesta segunda en importancia dentro del alendario litúrgico, la primera es la Pascua de Resurrección. Ambas pascuas van precedidas de un tiempo de preparación, reflexión y penitencia para celebrarlas con la disposición interior que tales acontecimientos merecen. La Pascua de Navidad va precedida por las cuatro semanas del Adviento y la de resurrección por el tiempo de Cuaresma. 

María y la Navidad 
“José subió de Nazaret a Belén para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Estando allí, se cumplieron los días del parto y dio a luz a su hijo” (Lc 2,4-7) A todos los niveles de la tradición evangélica María es, ante todo, “la Madre de Jesús”. Este es el título con el que la esignan diversos textos evangélicos y el que verdaderamente define su función en la obra de la salvación. El designio salvador de Dios la escogió para la misión, única en la historia, de ser la Madre de Dios hecho carne de hombre en sus entrañas. Es difícil penetrar en los sentimientos de María cuando se acerca el momento de dar a luz a su hijo. Supongo que muy parecido a los de todas las madres, pero muy agudizados dada la enorme distancia entre su sencillez de esclava del Señor y la grandeza de su hijo. El humilde matrimonio de José y María pasó unos días de desasosiego en lo humano por la distancia del viaje y por no encontrar acomodo adecuado para momento tan crucial, pero también tuvieron que disfrutar de una gran paz interior al ver las maravillas del Todopoderoso. José y María no comprendieron todo el alcance del nacimiento de su hijo, nada menos que el Mesías, el Salvador del mundo, de la aparición de los ángeles y de su encuentro con los reyes magos. La sagrada Escritura dice que “María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón” (Lc 2,19) y lo mismo haría José. 

La Navidad es fiesta de regocijo 
La Navidad es la fiesta por excelencia del regocijo en familia, como María y José. Gozo y alegría porque María nos ha traído al que es la fuente de la verdadera paz interior, del gozo y la alegría que no perecen. Las familias cristianas se reúnen la noche de Navidad para celebrar juntos el nacimiento del Señor. Es una costumbre hermosa que nunca debe desaparecer; una ocasión para que abuelos, padres e hijos, todos juntos, se afiancen en sus valores cristianos y trasmitan a los más pequeños las verdaderas raíces familiares. Las raíces y los valores de la familia perdurarán durante toda la vida y serán su fuerza y su dique de contención en los avatares de la vida. La alegría y la fiesta no deben estar reñidas con la reflexión sobre el verdadero significado de la Navidad. Triste es constatar que para muchos cristianos no tiene otro significado que el de cualquier otra fiesta profana. 

La Navidad es una fiesta de solidaridad 
a publicidad está corrompiendo muchas mentes llevándolas el consumismo, al gastar por gastar. No cuadra esta postura con el espíritu de Navidad. El Señor nace en la más estricta pobreza y sus seguidores celebramos su nacimiento echando la casa por la ventana, sin reparar en gastos. La Navidad es una fiesta y, por lo tanto, está justificado algún gasto extraordinario; pero, no es de recibo gastar ingentes sumas con olvido total de los muchos que no tienen nada. Todos los días mueren muchos niños, en diversas partes del mundo, por inanición. Los cristianos estamos obligados a ser moderados en nuestros gastos de todo tipo y compartir lo que Dios nos ha dado. 

El espíritu de Navidad 
 En estas fechas parece que todos hacemos un esfuerzo para ser más caritativos, más tolerantes y más comprensivos. Sin duda, salen a flote los valores que un día recibimos y que, durante el resto del año, tenemos casi olvidados. Ciertamente, el tiempo de Navidad dura sólo unos días, pero su espíritu debe ser permanente. Esa es la mejor forma de celebrar la Navidad.

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