Introducción: En la Biblia y en la tradición católica María es la elegida para ser la Madre de Dios e Inmaculada, es decir, la preservada, por pura misericordia de Dios, del pecado original, desde el primer instante de su concepción. María es la expresión más perfecta de la misericordia de Dios con los humildes y sencillos de corazón.
1.- María es obra de la misericordia de Dios
Dios tuvo compasión de la situación humana después del pecado de nuestros primeros padres y actuó para cambiar esa situación, mejorándola sustancialmente. Para ello, envió a su Hijo Jesús, como revelación de su misericordia y de su amor hacia el hombre. Jesús es Dios hecho hombre entre los hombres. Para hacer posible el nacimiento de Jesús como hombre, Dios escogió a María, un ser humano, y la convirtió en el prototipo de su misericordia ante todos los demás seres humanos.
Dios se fijó en ella, con mirada de especial bondad y misericordia, actuó en ella y la hizo, desde el primer momento de su existencia, morada del Espíritu Santo, quien la llenó de gracia y la hizo toda santa. De tal modo fue María santificada y transformada por el Espíritu Santo que su mismo ser quedó santificado, transformado e inmaculado.
2.- María, Madre de misericordia
La santidad original de María, plasmada y hecha nueva criatura por el Espíritu, no fue una santidad pasiva o de mera receptividad, pues, desde el momento en que tomó conciencia de sí, colaboró de manera singular con el Espíritu, lo que le sirvió para acrecentar su unión.
¿Cómo respondió María al don de Dios?: Diciendo “SÍ” a su invitación. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra” (Lc 1,38) Y en el canto del Magníficat, dice:
“Mi alma engrandece al Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava; por eso, todas las generaciones me llamarán bienaventurada; porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso, cuyo nombre es santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen” (Lc 1, 47-50)
María reconoce que todo es puro don de Dios: “El Poderoso ha hecho en mi maravillas”.
María se considera la esclava del Señor y, como tal, la que sólo está para hacer su voluntad.
¿Cómo responde ahora María al don de Dios?. Ejerciendo su vocación de madre de todos los hombres. María acoge, escucha y protege a todos sus hijos. Guiada por el Espíritu, María es el camino para que Jesús venga a los hombres y para que los hombres vayan a Dios.
El título de “María, Mater misericordiae”: El título de María, Madre de misericordia es un título antiguo. Ya a finales del siglo III hay una oración que reza: “Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix” (Bajo tu misericordia nos acogemos, santa Madre de Dios).
En el año 521, Santiago de Saroug atribuyó a María, por primera vez, el título de Mater misericordiae. Desde entonces, es unánime en la Tradición de la Iglesia invocar a María con un título tan hermoso.
Como Jesús, el Hijo, muestra el rostro misericordioso del Padre, así María muestra el rostro misericordioso del Hijo. Así lo ha entendido siempre el pueblo cristiano, por eso, acude, en susdesgracias, a postrarese a los pies de la Madre de misericordia. La madre ha sido y sigue siendo el camino más directo para llegar al padre.
María, la obra más perfecta de la misericordia del Padre, acoge y escucha a sus hijos con su corazón de Madre de misericordia y da, a manos llenas, de lo mucho que ella recibió.
Es este un buen momento para revisar, en grupo, el papel de María en nuestra vida cristiana: qué lugar ocupa en nuestra espiritualidad, cómo está presente en nuestra oración, si hacemos lo posible para adquirir y hacer nuestros sus sentimientos y actitudes de bondad, humildad, entrega y misericordia, con qué confianza la invocamos y nos acogemos a su patrocinio.
Oración de contemplación con María
(Para hacerla después, en privado)
Toma una escena del Evangelio en la aparezca María, por ejemplo, la anunciación del ángel, la adoración de los pastores, María al pie de la cruz, cierra los ojos y contempla a María, qué hace, qué dice, opserva su rostro y su mirada..
Trata de sentir con sus mismos sentimientos, métete en la escena como un personaje más, siente sobre ti su mirada de Madre, tierna y misericordiosa. Observa lo que ocurre en tu interior, tus sentimientos, tus vivrencias y recuerdos. Ponlo todo y ponte tú también en las manos de tu Madre.. y contempla.
SONETO
He prohibido a Dios que se inmiscuya
en mi vida, mis planes, mis negocios;
no podremos los dos seguir de socios,
quiero esa relación que se destruya.
No tiene Dios por qué se constituya
en juez de mis trabajos y mis ocios;
cada uno por distintos equinoccios,
yo conduzco mi vida y Él la suya.
Pero vuélvese Dios pesado, terco,
e insistiendo en cuidar mis intereses
cada día me estrecha más su cerco.
Y por mucho así yo que de Dios huya,
para que se enderecen mis reveses
menos mal que se sale con la suya.
(Luis Hernández Tobías)