sábado, 10 de septiembre de 2011

14.- MARÍA, LA CREYENTE


 MARÍA, LA CREYENTE  
El evangelio de la infancia de San  Lucas establece un paralelismo entre Juan el Bautista y Jesús. Dentro de este cuadro, hay personas que son protagonistas de los dos anuncios angélicos: Zacarías, el padre de Juan y María, la madre de Jesús. Vamos a comparar, en cuatro puntos, a  ambos.

Lugar de la visión.

La visión de Zacarías está enmarcada en un clima de gran solemnidad. Se produce en Jerusalén, la ciudad preferida por Dios; en el templo, único espacio de la tierra donde Yavé ha querido habitar de modo especial; en el Sancta Sanctorum, único sagrario de la presencia de Dios en la tierra, según la fe de los judíos. Zacarías está ejerciendo sus funciones sacerdotales y, mientras ofrece el incienso, el ángel del Señor le habla, en su nombre. Todo favorece externamente la creación de un clima propicio para escuchar y aceptar la palabra de Dios.

El marco de María es totalmente distinto
En Galilea de los gentiles; en un pueblo, Nazaret, desconocido en el A.T. y desconocido para el historiador judío de la época, Flavio Josefo, un pueblo del que dijo Natanael que “nada bueno puede salir” (Jn 1,46). Contrastan los lugares, por una parte el Sancta Sanctorum, en el templo de Jerusalén; por la otra, Nazaret, un pueblo pequeño y desconocido.
El marco de María parece el menos propicio para recibir un mensaje de un ángel. Según las apariencias externas nada cabría esperar; pero, Dios ve en lo recóndito de los corazones,  y la ha escogido para la altísima misión que le comunica el ángel.
  
Las personas
Zacarías es un hombre perteneciente a la clase culta; como sacerdote de Yavé ocupa un puesto socialmente relevante, conoce la historia de Israel, la Alianza de Dios con su pueblo y su designio mesiánico; muchas veces ha explicado al pueblo todas estas cosas.
María es una adolescente. Nada sabemos sobre su formación cultural; probablemente se reducía a la familiar y sinagogal. Los habitantes de Nazaret no la tenían por una mujer culta, ya que se extrañan de la sabiduría de su hijo. Podemos concluir que María sólo poseía la sabiduría humana elemental de una mujer judía piadosa; pero poseía la sabiduría de Dios, en muy alto grado, fruto de su oración y de su unión personal con Dios.
Sin duda, sus padres, Joaquín y Ana, fueron modelos de piedad, pues de ellos aprendió la niña y la adolescente a ponerse en contacto con Dios por la oración y el canto de los salmos, de los que llegó a saber muchos de memoria.

El contenido del anuncio
El anuncio a Zacarías es sorprendente. Él y su mujer, Isabel, son ya ancianos, en edad inequívoca de esterilidad; no obstante, el ángel le anuncia la venida de un hijo. 
"Estaba [Zacarías] ejerciendo sus funciones sacerdotales..Se le apareció un ángel del Señor y le dijo: No temás, Zacarías, porque tu plegaria ha sido escuchada, e Isabel, tu mujer,s te dará a luz un hijo, al que pondrás por nombre Juan” (Lc 1, 8.13) 
Dijo Zacarías: “¿De qué modo sabré yo esto? Porque soy ya viejo y mi mujer muy avanzada en edad” (Lc 1, 18)  
El ángel le contestó:"Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios y he sido enviado para hablarte y comunicare esta buena nueva.
Estarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que esto se cumpla, por cuanto no has creído en mis palabras” (Lc  1, 19-20)
Zacarías es un sacerdote y sabe que, libros sagrados narran que las tres mujeres de los tres grandes patriarcas del pueblo elegido fueron estériles: Sara, esposa de Abraham fue estéril (Gen 11,30), Rebeca, esposa de Isaac, fue estéril (Gen 25,21), Raquel, esposa de Jacob, fue también estéril (29,31). 
Zacarías sabe que las tres situaciones fueron superadas por Dios, para Él ”nada hay imposible” (Lc 1,30).
El hombre no puede hacer fecunda  a la mujer estéril, está reservado a Dios como anuncio de un gran misterio. 
        El anuncio a María es también sorprendente: 

"Una virgen será madre"
   
Virginidad y maternidad son dos términos humanamente irreconciliables, desafían las leyes de la naturaleza. María no lo entiende, y no conoce algún caso semejante narrado en los libras santos; pero, no duda, sólo pregunta cómo podrá suceder.”¿Cómo sucederá esto, pues no conozco varón? (Lc 1, 34)

El desenlace
Todo, en Zacarías, está a favor del sí. Todo, en María, está en contra de la aceptación. Sin embargo, la realidad invierte los términos y desborda las premisas. Zacarías, parapetado en sus razones y evidencias, se cierra a la petición de Dios.
Maria, cargada de argumentos para decir no, va más allá de las evidencias, más allá de los argumentos humanos, segura de que Dios la llama. Ella se funda en la fe y no en las evidencias humanas. Ella es la “pobre de Yavé” que sale de sí misma y se entrega a cumplir la voluntad del que le llama desde la penumbra, y pronuncia unas palabras que han cambiado el rumbo de la historia: “Hágase en mi según tu palabra”

María visita a su prima Isabel
    "Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Así que oyó Isabel el saludo de María, exultó el niño en su seno e Isabel se llenó del Espíritu Santo y clamó con voz fuerte: ¡Bendita tú entre las mujers y bendito el fruto de tu vientre!  ¿De dónde a mí que me venga a visitar la madre de mi Señor? Porque así que sono la voz de tu salutación en mis oídos, exultó de gozo el niño en mi seno. Bienaventurada la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor” (Lc 1,40-45) 
La bienaventuranza que Isabel, llena del Espíritu Santo, atribuye a María, es la primera de todo el Nuevo Testamento.

María cree que se cumplirá en ella lo que le ha dicho el ángel de parte de Dios. María es la esclava (Lc 1,48), que ha creído (1,45)   
La maternidad de María es consecuencia de su fe. Isabel la proclama bienaventurada porque ha creído y lo mismo harán todas las generaciones futuras (1,48).
La palabra “bienaventurado” (makarios) la usó Jesús para proclamar sus Bienaventuranzas, con ella no se proclama la felicidad que uno ha obtenido debido a la suerte, sino la dicha del que, a través del esfuerzo, se ha hecho merecedor de esa felicidad.
El mérito de María radica en creer la palabra del ángel; su fe es valiente y arriesgada y, por tanto, meritoria. El mismo Jesús lo confirmará más tarde: “Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron. Pero Él dijo: No, más bien bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11, 27-28).
   
Fundamento de la fe de María
La fe María está enraizada en su actitud de “pobre de Yavé”. Su apertura a la voluntad de Dios no tiene límites, su confianza en Dios es total. El ángel le dice al saludarla:“El Señor está contigo” (Lc 1,28). 
Es una frase que expresa el apoyo excepcional de Dios para conseguir algo difícil.
Leemos en Gen 3,11-12: “Moisés dijo a Dios: ¿Y quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel? Dios le contestó: Yo estaré contigo y ésta será la señal de que soy yo quien te envía”.
El ángel descubre a María el plan de Dios, a lo que Ella responde con una objeción: “¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón?” (1,34) Respondió el ángel: ”El espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra” (1,35) “porque para Dios nada hay imposible “ (1,37)

Momento trascendental en la historia de la humanidad: 

Dios espera la respuesta de María. 

En esa respuesta están puestos los planes divinos, María es libre para aceptar o rechazar.
María, llena de fe y de  confianza en Dios, responde: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (1,38)
Nicolás Cabasilas, un gran teólogo  bizantino dl siglo XIV, o expresó así:
"Cuando Dios decidió introducir en el mundo a su hijo primogénito para renovar a la humanidad, haciendo de él un segundo Adán, hizo que la Virgen participara en su plan. Dios pronuncia esta importante decisión y la Virgen la ratifica. La encarnación del Verbo no fue sólo obra del Padre, de su Virtud y de su Espíritu. Fue también obra de la voluntad y de la fe de la Virgen".
María sabe, por las enseñanzas de sus padres y por la oración en la sinagoga, que Dios es fiel a sus promesas y que es todopoderoso. Con esta fe firme tomó una decisión tan importante, con la seguridad de que su debilidad será sostenida por el poder y la fidelidad de quien la llamaba a esa misión. La fe de María le impulsa a una actitud de disponibilidad para secundar los planes de Dios, aunque no le sean totalmente comprendidos.

Contenido de la fe de María.
¿Comprendió María que el hijo que iba a engendrar, por virtud del Espíritu Santo, era verdaderamente hijo de Dios, poseedor de su misma naturaleza divina?
Los teólogos se dividen en varias opciones, que resumimos a tres:

Opción maximalista: Los que opinan que María poseyó, desde el primer momento, un conocimiento perfecto de la divinidad de su futuro hijo.
Según estos teólogos, la fe de María fue iluminada por un conocimiento excelente y único de la realidad de su hijo; ese conocimiento, sin sombra ni lentitud, aportaba una idea clara y verdadera de su maternidad divina y por tanto, de la divinidad de su hijo.

Opción minimalista: Los que estiman que María no supo nada de su maternidad divina hasta después de la resurrección de Jesús, momento en el que, junto a los demás discípulos, descubrió su divinidad.
Los títulos que el ángel atribuye al futuro hijo de María, ella los entiende en el sentido que tenían en el A.T., es decir, como títulos del futuro Mesías.
Para que los entendiera en sentido de una maternidad divina, habría necesitado una iluminación especial sobre el misterio de la Trinidad, de lo cual no hay prueba alguna. María. Por tanto, vivió ajena a la comprensión cabal de su maternidad divina.

Opción intermedia: Los que estiman que María conoció, mediante la revelación del ángel, aunque de manera confusa, su maternidad divina y que este conocimiento se fue aclarando poco a poco a lo largo de toda su vida.

¿Qué razones avalan esta opinión intermedia?

A) Jesús será el Mesías prometido por Dios y esperado por el pueblo de Israel. 
“Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 31-33)
El ángel atribuye al hijo de María unos títulos (los he puesto en letra negrita) que bien pueden ser los apropiados para el Mesías. Jesús sería el Mesías, el heredero de las promesas hechas a los patriarcas, el esperado con ansia por el pueblo.
Este argumento  vendrá avalado por los mismos Apóstoles de Jesús que no le identificarán con el Hijo de Dios sino con el Mesías, entendido como un hombre extraordinario, querido  de Dios como hijo predilecto, que resolverá los problemas del pueblo y le llevará a un periodo de esplendor, formando un reino de paz y concordia en un plano material, con grandes beneficios para el pueblo oprimido. Por eso, los Apóstoles ambicionaban los primeros puestos de ese reino (Mc 10, 35-40)
B) Jesús será Hijo de Dios. 
“El Espíritu vendrá sobre ti y la virtud del altísimo te cubrirá con su sombra y, por eso, el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35)
Hay aquí dos alusiones al A.T.:
1ª. -“El Espíritu Santo vendrá sobre ti”. Evoca el Espíritu creador de Gen 1,2: “El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas”.
2ª- “La virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”. 
Sin duda, es una clara alusión a la nube de Ex 40, 34: “La nube cubrió el tabernáculo y la gloria de Yavé lleno la habitación”
La sombra de la nube sobre el tabernáculo es el signo de la presencia de Yavé. María, cubierta por la virtud o el poder del Altísimo, quedará llena de la presencia de Dios  
Belleza y delicadeza para indicar la intervención divina, frase poética, ambientada en la literatura bíblica, rehuyendo el antropomorfismo que pudiera resultar grosero en el momento de la concepción del Hijo de Dios.
"Por eso", por ese motivo, por esa causa, es una expresión que invita a considerar que, siendo el Espíritu Santo la causa de la presencia de Dios en María, los títulos de “santo” e “Hijo de Dios”, otorgados al fruto de esa concepción milagrosa y excepcional, son algo más que títulos mesiánicos.

Conclusiones:
Es claro el fundamento de la fe de María: La confianza en el poder de Dios.
Es muy difícil aclarar el contenido de la fe de María. Entre las diversas opiniones de los teólogos, la más plausible puede ser la intermedia.
Todo esto nos lleva a pensar que se puede vivir la confianza en Dios en la penumbra de las dudas de fe, propias de la imperfección de nuestro conocimiento en esta etapa terrena de nuestra salvación.
Todos los que, por el bautismo, hemos recibido el don del Espíritu Santo estamos llamados a "alumbrar" a Cristo. Todos, hombres y mujeres estamos llamados a tener esta actitud de acogida, de apertura al otro. Todos, llenos del Espíritu Santo, estamos llamados a convertirnos en manantial de "agua viva" donde "otros" puedan calmar su sed de Dios.



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